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viernes, 20 de mayo de 2016

Ventana a la sonrisa -Window to the smile-

Ayacucho desde el balcon.
Regreso a Lima, pero antes…
Termina el tramo compartido con Andrés. Ambos regresamos a Cusco después de la misión Aguas Calientes. Exhaustos, nos derrumbamos en las literas del -quinto- hostel cusqueño hasta el otro día. Desayunamos por última vez en compañía y nos despedimos hasta que nuestros caminos se crucen nuevamente.
Dos cosas más de mi estadía en Cusco.
He iniciado un proyecto audiovisual que vera luz en agosto. Gracias a esto he conocido a una cantidad enorme de estudiantes de artes visuales, maestros y artistas. El movimiento artístico en Cusco es grande y sus autores comprometidos y con ganas de compartir.
He encontrado un lindo lugar para desayunar, merendar y cenar. Los personajes que conforman el lugar son personas maravillosas. Si van a Cusco dense una vuelta por ahí, van a disfrutar de buena comida y un lugar cálido.


De Jaen a San Ignacio.
 Ayacucho, la capital peruana, Jaen y un nuevo país: Ecuador.
He estado tres días en Ayacucho, he caminado bastante y hasta me han enseñado como se prepara el Ají de Gallina, mi plato preferido -hasta ahora- en Perú.
Pero con todo esto, aún no me siento cómodo y en Lima decido acelerar mi viaje a Ecuador. Así que, un día después de mi llegada a la capital, parto al norte; nuevamente Jaen, como hace dos años atrás. 
La Balsa, frontera Perú-Ecuador
Jaen, está en el extremo norte de Perú. Una ciudad pequeña, con su universidad en lo alto de un cerro y cientos de moto-taxi. En Jaen me hospedo en un lugar muy económico y al fin puedo lavar mi ropa que se acumulaba desde Cusco -acumular ropa sucia no es recomendable, no lo hagan en sus casas-. En fin, el clima, inestable, como su servidor, no me dejó secar completamente un abrigo. 
Viajo a San Ignacio en la mañana del día siguiente. En el camino, a unos kilómetros de Jaen, nos detienen unos encapuchados con armas de fuego. Hace dos años atrás sucedió lo mismo, y la sorpresa de encontrarme con ellos deteniendo la combi no fue nada agradable; esta vez estaba preparado mentalmente. Estas personas cuidan la zona de los asaltantes de la ruta -así como en el lejano oestes- y según los pasajeros han cesado. 
La ruta hasta San Ignacio esta pavimentada y se tarda 2 horas lo que antes se hacía de 4 a 5 horas. Aquí en San Ignacio hace dos años atrás almorcé en lo de doña Marta, una casa de comidas, muy familiar, a un lado de la terminal en lo alto del pueblo. Su comida es exquisita, sin exagerar, la mejor que pruebo en Perú. Esta vez almuerzo, tranquilo y satisfecho, un picante de carne, con su sopa y su jugo. La comida me hace feliz.
Ya en la frontera, en La Balsa, espero el camión que me llevará a Zumba, el primer poblado del Ecuador por esta ruta.
Cierto; esta ruta es poco conocida, no hay turistas, ni mochileros, es muy tranquila y su paisaje, de selva-montaña, es especial.
En este camión, acondicionado con algunos asientos de madera para que los pasajeros se sienten, viajo sintiéndome en un safari. Es divertido viajar así.
Descanso en Zumba y al día siguiente continuo camino a Loja. 
Ecuador tiene una energía linda, chévere, como dicen aquí; me gusta.
Vamos por más!

Returning back to Lima, but before of it... 
Our path shared with Andrés closing up. Both of us returned to Cuzco when we accomplished our mission: Aguas Calientes. We were exhausted, so we lay dow over the bunk of our -fifth- hostel in Cuzco till the next day. We shared our last breakfast together, and we had to said goodbye each other just until our paths cross together once more.

Two more things of my stay in Cuzco.
I just started an audiovisual project, which it will be revealed in august. Thanks to it, I met a great amount of visual art students. The art movement in Cuzco is amazingly huge and the commitment of the authors with their willingness to share.
My place in Cusco.

I have found a pretty place to have my breakfast, my lunch and my dinner. The different characters of this scene are wonderful people. If just in case you visit Cuzco, do not forget to take a chance over there, you will find a place to enjoy good food and a warmming place.

Ayacucho,  Lima, Jaen and a new country: Ecuador.
I have been three days in Ayacucho, I walked a lot and either the residents taugth me how to prepared a dish called "Aji de Gallina", take note aside my favourite peruvian dish till now.
But, Unfourtunatly I'm still not feeling comfortable so in Lima I decided to speed up my trip to Ecuador. So, one day after my arrived to the capital city I made my departure to north, and finally again in Jaen, like two years ago.
Jaen is located in the north side of Peru. A small city, with its own university at the top of the hill, and hundreds of moto-taxi -motorcycle-taxi-
At Jaen I stayed in a very affordable and cheap place, and finally I can wash all my dirty clothes gathered from Cuzco -gather a bunch of dirty clothes is not quite well recommended, never do at home-. Anyway, the changeable weather, as who is writing, never let me dry my coat totally. Then I keep my trip to San Ignacio at the next day morning. By the way, two masked guys stopped us with fire guns, which is something that it also happened two years ago, this sudden surprise, find them stopping the bus was not pleasant at all; this time I was no mentally prepare for it. Those people are the guardians of the local people from the route assaulters- pretty much like the far west- and according to the pasengers they just cut down a little bit.
The route to San Ignacio is already pavement and only took me two hours instead of four or five that used to take. Two years ago, here in San Ignacio, I had lunch in Doña Maria's place, a familiar placer right at the side of the teminal at the highest of the town. Her food is exquisite, with any bragging the best food I ever taste in Peru. For my lunch I took Picante de Carne,with its belonging soup and juice. What I can say? Food makes me happy.
Already in the border line, La Balsa, I wait for a truck to carry me to Zumba, the first town to Ecuador tripping by this route. By the way, this route is not very well know, there is no tourist, not even hitchhiker, it's a very quiet zone, also its landscape and exquisite jungle-mountain. On this truck, set up with some wooden seats for the passengers, I felt like if I were in a Safari.
I got rest in Zumba, and then I keep my journey to Loja.
Ecuador has some amazing and wonderful energy, chevere, like the local people use to say, I like it.
I go for more!!


lunes, 9 de mayo de 2016

Caminar me basta -walking is enough for me-

Desde el Templo de la Luna
Despidiéndome de Cusco, ciudad dinámica y cultural.
Cusco me deja mucho más de lo que parece. Repleto de sabores y colores, de amaneceres temprano y viento frío. Cusco es una ciudad que te obliga a caminarla. Caminar, tomarse un descanso y disfrutar. Hay mucho para ver y donde perderse. Sus calles pequeñas con piedras gigantes e históricas, algunas conducen a valles sagrados, algunas simplemente al lugar que elegiste para el goce diario de la comida peruana.
Esta semana de mudanzas constantes -me mude 4 veces de hostel- y de haberla compartido con Andrés, se va cargada de charlas de arte, artistas y futuros artistas cusqueños.
Hago un último movimiento, el Templo de la Luna, luego viajo al norte...


Anotaciones que se pierden en el transcurso del viaje.
Dejo Ollantaytambo y sus ruinas. A mi espalda un pueblo cargado de turistas, a un lado, Andrés, compañero de viaje, y al otro lado, las vías del ferrocarril hacia Aguas Calientes. Las montañas, el río, las nubes, el sol y la brisa contante acompañan nuestro andar.
El primer día caminamos 14km y armamos campamento en el '83km'. Desde allí se podía ver una montaña hermosa con nieve en su copa. No sabemos cuál es el nombre de esta montaña, pero el paisaje nos dejo asombrados. Cenamos unos sandwich junto al río. El cielo nos regala una noche estrellada, lleno de luces en movimientos; hace mucho no veía los satélites orbitar nuestra atmósfera. Nos dormimos temprano.
La mañana siguiente, con los primeros rayos del sol, desarmamos el campamento y retomamos la caminata. Desayunamos en unas ruinas después de haber caminado 6km, de ahí en más no nos detendríamos hasta llegar a Aguas Calientes.
Agotados, buscamos hospedaje y luego almorzar.
El camino desgasto mis piernas, lastimo mis pies y rompió mis zapatillas. Cuarenta y cuatro kilómetros.
Machu Pichu quedará para otra ocasión nuevamente.
La caminata a mi me sobra y basta.
Tierra, agua, cielo. Caminando de Ollantaytambo a Aguas Calientes.
Saying goodbye to Cusco, cultural and dinamic city. Cusco leaves me more than it looks like. Plenty of flavours and colours, early dawns and a chilly wind. Cusco is a city that means to be walked. Walk, take a break and enjoy it. There's too many things to see and get lost. Its small streets made of gigantic and historical stones head to sacred valleys or just to a place to enjoy the daily basis peruvian gastronomy.
This week of constant moves -I've changed my hostel about 4 times- was full of art tertulias, artists and new coming Cusco artists and glad to shared it with Andrés, also.
I make one last movement, el Templo de la Luna (Moon's Temple), and theb headibg to the north.

Some notes that get lost during the trip.
We left Ollantaytambo and its ruis. Behind me there's a town fully of turist, by my side it is Andrés, my journey mate, and on the other side, the railway train to Aguas Calientes. The mountains, the river, the clouds, the sun and the tenacius breeza are our walking companion.
The first day, we walk 14km (8,7miles) and we settled up our tent over the '83km'. From that point, we were able toto check a beatiful mountain covered with snow on the top. We did not know the name of it, but the landscape left us astonished. We had dinner close to the river and rest early.
At the next morning, with the first sun rays, we broke camp and went back to our trip. After walked around 6km (3,7miles), we had breakfast close to some ruins, and from that pointwe took the determination to not stop till Aguas Calientes
Exhausted, we looked for hosting and then for something to eat.
That trip abrade my legs, hurting my feet and breaking my sneakers.
Forty four kilometers (27,4miles) were made.
Machu Pichu is booked for other time again, this trek is enough by now.

lunes, 2 de mayo de 2016

A dos cuadras de casa, en Perú

La noche de Cusco, fria y estrellad
He dejado La Paz y he visitado la comuna Santana.
He vuelto a Cusco, capital de antiguo imperio Inca.
Empecé con el pie izquierdo en Cusco. El hostel donde iba a hacer un voluntariado ya tenía personal. Realmente me re cagaron. Nunca vi a un voluntario en ese hostel. Quedaba en la punta de un cerro, literalmente. Subir era un calvario y me quedé ese día porque bajar con el peso de la mochila, cansado y defraudado, no daba.
Finalmente me estoy hospedando en un hostel cerca de Plaza de Armas, la plaza central de Cusco, a precio económico y con un amigo, Andres, que conocí en La Rioja en casa de una couch.
Cusco, denominada la capital arqueológica de América, tiene muchísimos lugares para conocer, muy atractivos, ademas de Machu Pichu. El inconveniente es el costo de ingreso a esos lugares: bastante elevado (al menos para mi bolsillo). Así que camino por la ciudad, dibujo y pinto en las plazas.

Caminar Cusco significa: subir escaleras -muchas escaleras-, toparse constantemente con los jaladores de las casa de turismo o de los restaurantes; encontrarse con muchos turistas, muchas camara de fotos, muchas iglesias, capillas, conventos, perros callejeros, policias con silvatos dirigiendo el transito, veredas pequeñas -más pequeñas que en el centro de Salta- y mujeres muy lindas.
Otra cosa que estoy disfrutando es la comida peruana, que tiene fama internacional y bien merecida. El costo de los menúes es muy económico y los platos repletos de felicidad para mi cuerpo. El menú es, entrada, principal y una bebida (gralmente. un jugo). Obviamente se encuentra de todo, pero no deja de ser económico y rico. Por ejemplo, en los mercados se puede acceder a un menú por 4,5 soles (alrededor de U$S1,4 o 20pe argento) 
Pero caminar, pintar y comer no fue lo único que hice en este tiempo en Cusco. También me he reunido con un artista, Justo Cano, quien me abrió su lugar de trabajo para una entrevista. Un placer conversar con él y aprender más sobre arte. Ese arte que tengo abandonado y útimamente me está llamando de diferentes formas.
Así estoy en Cusco, tranquilo y volviendo a mis deseos personales en la pintura. 
¿Será que este viaje se está transformando?
Cierto, a veces me olvido que todo se transforma!

domingo, 24 de abril de 2016

La Celestina, el paraiso de Coroico.

Hostal La Celestina, el paraiso.
Cuando contacte a Martín, del hostal La Celestina por el intercambio de trabajo por hospedaje, pensé en que sería una buena desconexión de los lugares clásicos por donde viajan la mayoría de los mochileros. Acordé llegar un día miércoles y así fue como me despedí de Yerko, un compañero de viaje de Chile, y junto a Paula partimos hacia Coroico. 
Para acceder a Coroico se debe tomar un mini-bus en la terminal Minasa, en el barrio Villa Fátima. El costo del pasaje es $20bol. La ruta está asfaltada hasta Yolosita. El mini-bus sale de La Paz y hace un parada para cargar combustible, de ahí en más no se detendrá, es la única posibilidad de ir al baño.
Nuevamente en la ruta, el primer tramo es subida, hasta La Cumbre, donde hade mucho frio y hasta en ocasiones cae nieve; en mi caso cayó agua-nieve. Lentamente el paisaje y la temperatura cambian. Primero se atraviesa un túnel, luego otro más largo y así nos adentramos en la Yunga boliviana. El color verde predomina. Mientras los hilos de aguas caen formando pequeños saltos embelleciendo el paisaje. Un paisaje rico en vegetación y sonidos. El calor ingresa en el mini-bus y rápidamente te quitás el abrigo que llevás puesto. Un cartel anuncia que en el siguiente desvío se accede al Camino de la muerte -Dead road-, una travesía que actualmente se realiza en bicicleta y también cuando el camino asfaltado está cerrado. A las dos horas de viaje se observa Coroico desde lo alto del camino. Lo que me sorprendió es que sea un pueblo en la copa de un cerro, generalmente están al pie de estos. Cuando llegamos a Yolosita, el camino se convierte en empedrado hasta Coroico, ya nos queda media hora de viaje. 
Con Paula preguntamnos como llegar a La Celestina y caminamos hasta allá. El hostal se encuentra a un kilómetro y medio del pueblo, el camino es en bajada y empedrado, ya que es la continuación del anterior. Al llegar al hostal, ingresamos por un portón y recibe Ana, la esposa de Martín; a quien interrumpimos su siesta. 
Martín nos comenta de qué trata el trabajo de intercambió y nos mostra la casa y nuestra habitación. Más tarde subimos al pueblo a hacer compras para la comida. Conocemos los árboles de café al costado del camino y sin pensarlo una camioneta nos acerca a la plaza central de Coroico. Compramos y regresamos al hostal.
Limpiando las ricas mandarinas. Parte del trabajo realizado.
La noche estrellada nos recibie en el jardín, comiendo una ensalada, sentados, disfrutando de los sonidos de la naturaleza. La noche pasa y al día siguiente, desde temprano iniciamos el trabajo designado. Ana nos acerca una radio donde suena Gilda desde ese día todas las mañana. "Música de motivación para este tipo de trabajo" dece Paula. Y por mi cabeza aparece la imagen de mi madre escuchando Gilda en su casa, en Salta. Con ese ritmo terminamos el trabajo y almorzamos. Ana nos acompaña y más tarde salimos a comprar nuevamente al pueblo.
La noche llega y se va. El inicio de un nuevo día nos atrapa trabajando en el jardín. Ese día y a partir de entonces Ana cocinaría al mediodía ricos platos. El primero sería tarta de espinaca con queso, ¡delicioso! Luego arroz con ensalada y las empanadas que preparamos la noche anterior. Le había comentado que me gusta el guiso de mondongo y que en casa de mi madre no pude comer. Ana lo preparó y estaba muy rico. También bajamos a conocer la pequeña cascada que se forma en lo profundo del jardín y recojer naranjas para hacer jugo.
Aprendí en casa de Ana y Martín a preparar budín, pan casero y la masa de las empanadas. Hice dos veces pan y una vez budín. Hicimos pizza y mi último día de estadía hice ravioles caseros.
En el hostal conocí a Martín, un mochilero que dicta un curso de la voz; a Jazmín y a Petr, que es de Rep. Checa (no Checoslovaquia, se separaron -fue un chiste recurrente-). Había una energía tan agradable en la casa que a todos nos costó dejarla. El aire familiar y las risas constante potenciaban el bienestar y el haber elegido correctamente La Celestina como lugar para hospedarse. 
El día lunes llegó un nuevo amigo, Anatole. Él es alemán. Recorrió el camino de la muerte en bicicleta y se lastimó en el camino. Extravió su pantalón (aunque 2 días después lo recuperó). Es alguien tranquilo, con una sonrisa contagiosa y compañero. La última noche preparó unos panqueques vegetarianos exquisitos. Me invitó a visitarlo cuando llegue a Alemania.
Martín, Jazmín, Ana, Anatole, Petr y yo. Fotografo: Martín.
Dejé La Celestina el sábado a las 6 de la mañana. Martín y Ana se levantaron para despedirme y yo, bajo la luna llena, el cielo estrellado y una sonrisa me despedía de estos hermosos días en casa. Todo mi agradecimiento a ellos.
El camino es así a veces. El camino nos sonríe y nos abraza de manera tan cálida que algunas cosas desaparecen de la mente.
Llegué para irme, como todos en este mundo y por esta razón vivir es algo que se debe disfrutar día y noche. Sonreír sana el alma y yo andaba necesitando una dosis de risa descontrolada.
Extraño a mis amigos.

domingo, 17 de abril de 2016

Unos días en Bolivia

Aski uruquipa. Nayan sutijax satawa Paolo.
Palabras nuevas, palabras antiquísimas de un pueblo olvidado.
He tenido la oportunidad de conocer la comunidad de Santana el fin de semana pasado. Una comunidad al norte de La Paz, camino al Titicaca. Las casas en las laderas de los cerros, los animalitos en el camino, el verde del trigo, los colores de los ahuayos; el silencio, todo lo compone Santana. 
Fui invitado por Annette, una señorita que conocí buscando host en couchsurfing. El evento organizado por la Universidad de Aymara Vivo, inició el día sábado en la mañana, pero yo llegué el domingo, algo tarde. Conocí a los jefes de la comuna y a los responsables de esta Universidad. Aprendí algunas palabras y caminé por el hermoso poblado. Me invitaron a comer pesque (quinoa, leche y queso) y conocí a unos jovenes muy agradables con quien luego me encontraría.
Este sábado 23 y domingo 24 se repetirá el encuentro y el miércoles 27 se inaugurará oficialmente la Universidad; para esta ocasión pretendo quedarme en el lugar pintando.

En las calles de Uyuni conocí a Yuki, quien me presentó a Asahi y posteriormente a Megumi. En La Paz, el miércoles, día previo a mi viaje a Coroico, me invitaron a cenar y tomar unas cervezas. Brindamos, comimos y reímos hasta más no poder. Con quien más hablé fue con Asahi, en un inglés rústico, un japones anestesiado y un español inexperto. Él fue quien preparó "Spaguetti-lemon", que estuvo muy rico, siendo algo nuevo para mi. Yuki, en si, es el verdadero cheff y preparó unos platos sencillos y riquísimos. 
Nos despedimos muy tarde, la noche helada de La Paz fue una grata amiga. "Algún día, algún año" llegaré a Ibaraki y tocaré la puerta de sus casas.
Terminando este resumen, creo que se merece un capítulo aparte el viaje a Coroico. Mientras el sol sale, en las montañas las nubes intentan surcarlas, yo termino este resumen.

sábado, 9 de abril de 2016

Lejos de la frontera

Aquí en La Paz mi cuerpo ha sentido la altura. Un poco de agotamiento y otro poco de soledad al andar por estas calles.
Me tomo mi tiempo para continuar en la ruta, y también para retomar la escritura en el blog.
La comodidad del hogar va quedando atrás. A un mes de haber iniciado este viaje, ya tengo tantos paisajes en la retina que a veces flaqueo y pienso que es suficiente.
Lento, el viaje es lento pero impetuoso.
El miércoles me mudo a Coroico por unos días y posteriormente continuare viaje a Copacabana, la frontera boliviana con Perú.
De aquí en mas, viajo solo... por lo menos hasta nuevo aviso.
Brindo por este mes y por muchos otros.
Salut!

lunes, 29 de febrero de 2016

En las montañas. Parte I

Comenzaba a oscurecer cuando llegué a Valle Colorado, un pueblito sumido en las montañas en plena yunga jujeña. Sus casas bajas construidas en adobe de barro, las calles de arcilla amasijada y los colores inocentes de los ponchos se filtraban por mi retina. El viento trae consigo nubes que cubren los cerros en su parte más alta. El frío también se hace presente y esto me empuja a buscar la escuela primaria donde me hospedaré esta noche.
En los pasillos del pueblo me encuentro con Sandra, una maestra que me guía hasta la escuelita. La bandera aún está en lo alto, algunos chicos corren y se esconden en sus juegos. Me quedo observándolos y pronto se acerca la directora para recibirme. Me enseña la escuela y me presenta a los maestros que están en el comedor. Compartimos mate cocido con bollito recién horneado para apaciguar el frío.
Gran parte de los alumnos viven dentro del pueblo. Otra parte tiene que caminar varios kilómetros entre las montañas para estar en clases. Estos últimos son quienes se quedan a dormir en la escuela al igual que la mayoría de los maestros que son de otras ciudades; de lunes a viernes viven en el colegio y el sábado temprano regresan a sus hogares. Varios tienen esposas e hijos y afrontan la rutina acompañándose uno a los otros. Es una labor honorable que cumplen con nobleza y dedicación.
Me tomo un instante para estar solo antes de cenar y así sentir el frío de la noche. Ligeras gotas de rocío tocan mi rostro y un vaho efímero sale de mi boca. ¡Algún día seré maestro! O profesor en su defecto.
Dejamos el comedor y rápidamente nos encerramos en los cuartos. Me acercan varias colchas para afrontar la hostilidad del frío nocturno y recostado en la cama me percato que pasó una semana desde que salí de casa. Parece como si fuera más tiempo, como si llevara un mes viajando; aunque tal vez sea estar más lúcido o simplemente entre sueño.
Hago mi mochila bien asoma el sol tras las montañas. Desayuno junto a un maestro y la directora y ambos me orientan el camino que debo seguir hasta Santa Ana. Según sus indicaciones debería llevarme 5 horas de caminata. El cielo está despejado, todo está calmo en el pueblito y los sonidos naturales anuncian un nuevo día. La paz que se respira es sublime.
Esto estaba buscando desde hace mucho tiempo y ahora que inicio mi caminata me pregunto cómo apaciguar esta sed de viaje. Ahorro preguntas, libero mis pies hacia la aventura.